Cuerpo y Lenguaje
La herida como identidad en Anzaldúa y Lemebel
Introducción
La identidad no es algo que se encuentra ya hecho, sino una tarea constante que nos obliga a enfrentarnos al mundo. Para quienes viven en los márgenes, esta construcción es aún más dolorosa, pues nace de la herida de la exclusión y la opresión. En este ensayo, quiero explorar cómo Gloria Anzaldúa (biografía), en Borderlands/La Frontera: La nueva mestiza, y Pedro Lemebel(biografía), en Loco afán: crónicas de sidario, nos muestran que esta herida social es un poderoso motor para crear una identidad. Mi argumento es que, a través de los conceptos de frontera, hibridación y mestizaje, ambos autores demuestran que la identidad de los sujetos marginados no se forma en la pureza de un lugar, sino en el cruce transgresor de los límites, un proceso que da vida a una nueva y fuerte conciencia. Para lograrlo, me centraré en cómo el cuerpo y el lenguaje se convierten en el escenario de esta batalla, desafiando así las ideas impuestas por una sociedad hegemónica y patriarcal.
Pedro y Gloria
La obra de Gloria Anzaldúa, Borderlands/La Frontera: La nueva mestiza (Libro) , publicada originalmente en 1987, nació en un momento de gran efervescencia para el activismo chicano y el feminismo de color en Estados Unidos. Como mujer lesbiana y chicana, Anzaldúa escribe desde su propia experiencia al vivir en la frontera (cfr. con El Encubrimiento del Otro (Dussel)) entre México y Texas. Su libro es una mezcla de géneros —poesía, ensayo, autobiografía e historia—, una forma de reflejar lo compleja que es una identidad fragmentada por el colonialismo, el patriarcado y el racismo. Lo que más me atrajo de su obra es cómo convierte su vida en una declaración política, desafiando las visiones tradicionales y únicas de las culturas chicana y estadounidense.
Por otro lado, Loco afán: crónicas de sidario (Libro) (Audiolibro)de Pedro Lemebel, publicado en 1996, surge en el Chile que intentaba sanar las heridas de la dictadura de Pinochet. Lemebel, un artista visual y escritor, decide dar voz a los que nadie quería escuchar: los homosexuales, travestis, sidarios y pobres que, a pesar de sobrevivir a la represión, seguían siendo rechazados por la nueva sociedad. Su colección de crónicas urbanas se distingue por un lenguaje barroco y poético que mezcla la jerga popular con una lírica profundamente triste. Lemebel elige la crónica para visibilizar a los que la historia oficial dejó de lado, transformando sus vidas en actos de resistencia y su dolor en una poderosa y subversiva forma de arte (documental).
Herramientas de escritura
Para entender el trabajo de Anzaldúa (citas) y Lemebel (citas), me basaré en los conceptos que la propia Anzaldúa nos dejó. Primero, la frontera no es solo un mapa, sino un espacio de trauma y creación, una "herida abierta" (Anzaldúa, 2016, pág. 42) que se siente en los límites sociales, psicológicos y espirituales. Esta idea me permite ver la marginalidad en Lemebel como una "frontera" social que separa a los cuerpos considerados normales de los disidentes.
Luego está la hibridación, (cfr. epistemicidio) que surge naturalmente de esta vida en la frontera. Para Anzaldúa, la mezcla de culturas, lenguajes y estéticas no es una debilidad, sino una forma muy potente de resistencia. Ella nos lo muestra con su uso del spanglish, un reflejo de su identidad "bastarda" (pág. 109). Este concepto encaja perfectamente con la estética de Lemebel, cuya prosa es un híbrido de lo popular y lo culto, y cuyos personajes, a través del travestismo, mezclan géneros y desafían las etiquetas.
Finalmente, el mestizaje (cfr. el mito de la modernidad) es la culminación de todo este proceso. Anzaldúa lo eleva de un término racial a un "estado del alma" (pág. 115) que da origen a la "Nueva Mestiza", un ser que vive en la ambigüedad y la abraza. De manera similar, en la obra de Lemebel, el mestizaje es esa conciencia queer y sidaria que se niega a la victimización, usando el dolor para construir una identidad colectiva. Ambos autores nos enseñan que el mestizaje es la capacidad de vivir en las contradicciones, convirtiendo la herida en el punto de partida para crear una identidad.
Situarse para resistir
La obra de Gloria Anzaldúa es un mapa del dolor en la frontera chicana (cfr. decolonialidad). Para ella, la frontera es una "herida abierta" (Anzaldúa, 2016, pág. 42) que atraviesa el cuerpo, el espíritu y la mente. Esta herida es el resultado de la violencia histórica de la colonización y el despojo. Anzaldúa nos recuerda el Tratado de Guadalupe-Hidalgo, que en 1848 convirtió a los mexicanos en extraños en su propia tierra. Sin embargo, en vez de ver esta herida como un símbolo de derrota, ella la convierte en un espacio de creación. Los "atravesados" (pág. 42), los "prohibidos y los baneados" (pág. 42), son aquellos que, al vivir en estas contradicciones, desarrollan una nueva forma de pensar. La "Nueva Mestiza" de Anzaldúa, una "mujer de color, lesbiana y habitante de la frontera" (pág. 300), nace de esta herida. Es alguien que se niega a ser víctima y que, en cambio, usa el dolor para forjar su propia identidad. Su conciencia se construye en la ambigüedad, en la convivencia de lo indio, lo español y lo anglo, y se manifiesta en un lenguaje tan híbrido como su propia sangre.
Pedro Lemebel, por su parte, nos muestra la herida desde la marginalidad queer en el Chile de la postdictadura. La frontera en Loco Afán no es una línea geográfica, sino un límite social que separa lo "normal" de lo "sidario". Sus personajes, las "locas" y los "sidarios", viven en un espacio de exclusión, un "basural" (Lemebel, 1996, pág. 191) donde la sociedad tira a sus desechos. Lemebel nos enseña que esta exclusión es una herida que se abre en el cuerpo de quienes no encajan en la norma heterosexual y patriarcal. La dictadura de la moralidad es tan brutal como la dictadura militar, y sus personajes son los "atravesados" por el estigma y la pobreza. Pero, al igual que Anzaldúa, Lemebel encuentra en esta herida un lugar para la resistencia y la creación. El cuerpo de la "loca" no es un cuerpo roto, sino un cuerpo que desafía las reglas, un lienzo sobre el que se escribe una nueva estética. Es un cuerpo que se travestiza y se apropia de la noche, creando una nueva cultura que celebra la diversidad y la resistencia.
Ambos autores usan la hibridación como una herramienta de resistencia. Anzaldúa celebra la mezcla de razas y culturas como una fuente de fuerza. Su lenguaje, el spanglish, es un acto de rebeldía contra la tiranía del idioma y un reflejo de su identidad mestiza. En "Cómo domar una lengua salvaje", ella explica que su lengua, "una lengua bastarda, ilegítima" (Anzaldúa, 2016, pág. 109), es atacada, pero también su "segunda piel" (pág. 111). De la misma forma, Lemebel construye una estética de lo híbrido. Su lenguaje es una mezcla de prosa poética y jerga popular. Su arte no busca la pureza, sino la fusión de lo kitsch con lo sublime, del dolor con la belleza. En sus crónicas, la "loca" se maquilla y se viste con ropa de segunda mano para adueñarse de la noche, creando una cultura que celebra la diversidad. Esta hibridación, en el lenguaje y en la estética, es el arma con la que se enfrentan a las reglas rígidas de la cultura dominante.
Finalmente, el mestizaje, en su sentido más amplio, es la culminación de esta lucha. En Anzaldúa, la "Nueva Mestiza" es un sujeto que rompe con la idea de que todo debe ser una cosa o la otra. Ella no solo "sostiene las contradicciones, convierte la ambigüedad en otra cosa" (pág. 136). El mestizaje no es solo la mezcla de sangres, sino la capacidad de vivir en las contradicciones, de habitar varios mundos a la vez. En Lemebel, el mestizaje se ve en la identidad queer, un cuerpo que es en sí mismo una "bocacalle" (Lemebel, 1996, pág. 137), un lugar donde se encuentran distintas identidades. Sus personajes son "híbridos" no solo en su sexualidad, sino también en su clase social y su cultura. Son una mezcla de lo marginal y lo poético, de la soledad y la solidaridad, de la derrota y la dignidad. Esta conciencia de la "herida" común es lo que une a los sidarios, a los travestis y a las "locas", y lo que les permite crear una comunidad que se niega a ser olvidada. El mestizaje, en ambos autores, es una conciencia que se despierta cuando el sujeto deja de ser víctima y se convierte en creador.
La herida como lucha
Leer estas obras me han confirmado que la identidad no es algo fijo, sino un proceso dinámico y en constante cambio (cfr. Lacan). La experiencia de la herida, ya sea por el colonialismo, el racismo o la homofobia, crea una forma de ver el mundo única y poderosa, una "conciencia de la herida" que desafía las ideas eurocéntricas. Anzaldúa y Lemebel me han enseñado que la resistencia no siempre es una confrontación directa, sino que a menudo se manifiesta en la reinvención del lenguaje, la resignificación del cuerpo y la celebración de las identidades híbridas. Creo que estos temas son muy actuales en América Latina, donde las luchas por los derechos de los pueblos indígenas, las comunidades LGTBIQ+ y los migrantes siguen siendo muy importantes. Sus obras nos recuerdan que es vital escuchar las voces de los "atravesados" y reconocer que en sus historias está la clave para repensar nuestra propia realidad.
A modo de conclusión
Para concluir, Anzaldúa y Lemebel, desde sus diferentes lugares, nos ofrecen una lección muy valiosa sobre la identidad. Usando la frontera como el lugar de la herida, la hibridación como herramienta de resistencia y el mestizaje como una conciencia en constante evolución, ambos autores demuestran que el ser no se define por lo que es, sino por lo que ha sido capaz de hacer con su dolor. Sus obras son una invitación a la acción, a abrazar las contradicciones y a usar la herida no como algo de lo que avergonzarse, sino como el punto de partida para una nueva forma de ser y de vivir en el mundo. En la voz de Anzaldúa, que se niega a ser callada, y en las crónicas de Lemebel, que dan voz a los sin voz, encontramos la esperanza de que, incluso en la oscuridad más profunda, el arte y la resistencia pueden alumbrar el camino hacia la libertad.
Bibliografía
- Anzaldúa, G. (2016). Borderlands/La Frontera: La nueva mestiza. Capitán Swing Libros.
- Lemebel, P.(1996). Loco afán: crónicas de sidario. Editorial Seix Barral.