Apuntes: La identidad y Lacan
A partir del texto proporcionado, el concepto de identidad se presenta como una "tarea constante" y una construcción que nace de la "herida de la exclusión y la opresión". Esta identidad no es fija, sino un proceso dinámico y en constante cambio , que se forma en la "frontera", la "hibridación" y el "mestizaje". Se trata de una identidad que se forja en la resistencia, en la capacidad de "vivir en las contradicciones" y transformar el dolor en una "nueva y fuerte conciencia". La herida no es un símbolo de derrota, sino un "espacio de creación" , donde el sujeto se niega a ser víctima y se convierte en creador. El cuerpo y el lenguaje, en este contexto, se convierten en el escenario de esta batalla, desafiando las ideas impuestas por una sociedad hegemónica.
La concepción lacaniana de la identidad, por su parte, se relaciona directamente con esta visión de fragmentación y construcción. El moi (yo) en Lacan es una identidad imaginaria, una imagen de sí mismo construida a partir de la mirada del otro en la etapa del estadio del espejo. Esta imagen es siempre incompleta y alienante, ya que el moi se forma a partir de un reflejo externo que nunca lo representa por completo. En contraste, el sujeto lacaniano es la instancia que se desliza por debajo de esta imagen, una entidad dividida, escindida, que no se puede unificar. Esta división surge de la entrada en el lenguaje, que introduce un corte entre lo que el sujeto es y lo que puede nombrar de sí mismo.
Al comparar ambas concepciones, se puede establecer una relación de resonancia. El texto describe una identidad que nace de la herida, del trauma social y de la marginalidad, una "identidad fragmentada por el colonialismo, el patriarcado y el racismo". Esta fragmentación puede ser vista como un eco de la escisión del sujeto lacaniano. La "Nueva Mestiza" de Anzaldúa o los personajes de Lemebel, al vivir en la ambigüedad y el cruce de límites, ejemplifican la imposibilidad de una identidad fija y unificada, similar a la división fundamental del sujeto en la teoría de Lacan. La identidad que se forja en la hibridación y el mestizaje es, en esencia, una respuesta a la herida de la alienación y la exclusión, un intento de construir una "conciencia" a partir de las ruinas de una identidad impuesta. En este sentido, el yo del texto, al igual que el moi de Lacan, es una construcción, pero a diferencia de la alienación lacaniana, en el texto se convierte en un acto de resistencia y creación. Es la herida, ese punto de trauma, lo que paradójicamente permite a los sujetos no solo reconocer su división, sino también utilizarla como motor para una nueva forma de ser y vivir.